Era una noche sombría
Poco alumbraba la luna
y una sombra misteriosa
salió de su extraña cuna.
Gastadas estaban las hojas
del libro que dejó en el banco
el viento jugó aquella noche
con sus letras, sin descanso.
Más tarde ya Carolina,
la pequeña, se lo encuentra
y lo lleva hacia su escuela
donde espera su maestra.
Imposible no mirarlo
querer abrirlo y tocarlo
pero nada tiene dentro
no esconde pues ningún cuento.
Algunas palabras sueltas
más todas son sin sentido
los niños no entienden nada
algo raro ha sucedido.
Cogen lápices e ideas
y lo llenan de garabatos
sus historias ya comienzan
de culebras, pies y gatos.
Y al acabar la clase,
con el libro entre sus manos
Carolina se lo deja
a un árbol ermitaño.
Y así acaba esta historia
esperando a nuevas manos
que le den vida a esa noria
que ahora tiene mil hermanos.
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