GURE BAZTERRAK
Me gustaría, aprovechando que vuelvo de un miniviaje por mis tierras, preciosas, preciosísimas, compartir una canción que no todo el mundo conoce pero que todos los que queríamos y admirabamos a Mikel Laboa llevamos con nuestro equipaje, de un lado a otro, sin poder evitar sentir melancolía al oírla una vez más. Algunos/as, como es mi caso, convertir en catarátas nuestros ojos.
Eskerrik asko Mikel, eman diguzun danagatik.
Os dejo la traducción de la canción aunque creo que no hace falta entender lo que dice.
Amo nuestros rincones
cuando la niebla
me los esconde
cuando no me deja ver
que es lo que oculta
pues entonces comienzo a desvelar
lo guardado;
aquellos rincones
que comienzan
a surgir dentro de mi
Aunque Mikel Laboa le dio música y voz, es una poesía de Joseba Sarrionaindia.
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sábado, 20 de noviembre de 2010
ELLA & LOUIS
Relato en 5:01
Esperaba que los arcos fueran atravesando el viento para llegar hasta mi cuerpo. Me tumbe para que me atravesara la fuerza y el empuje de las trompetas, pero al parecer eran más delicadas de lo que parecía. ¿Qué buscaba yo entonces? ¿Salir huyendo? ¿Correr? Era todo una especie de colina a oscuras. No se si podría afirmar que fuera verano. No sentía frío en mis pies al caminar, pero tampoco me abrasaba la arena de todas las playas que convertían en isla la hierba. Dejé que las voces que me susurraban fueran guías de aquel viaje sin tiempo ni espacio concretos. De repente comprendí que el paisaje podía ir mutando como yo quisiera. Cuestas grandes que se convertían en toboganes, llanuras eternas y hierba y mas hierba por todas partes. Entonces me tumbé a llorar en una concavidad de la tierra. No sabía por qué ni pretendía saberlo. Era el final irremediable y las últimas notas me hicieron parar. También la fuerza de las lágrimas se convirtió en urgencia por hacer desaparecer esa sensación del estómago. Solo unos instantes más y lo que antes era verde se convirtió en una suave manta rayada en tonos ocres. El colchón estaba cada día más viejo, más hundido, como una especie de horizonte vago que pierde la rectitud y esa había sido la pequeña trinchera en la que me había parado a escuchar las voces de Ella y Louis. Como tantas otras veces. En ritual solitario y romántico, hacia mí misma y los cielos del paisaje, que me iban enseñando, poco a poco, cada vez con más detalle, todo lo que escondían desde que tuve por primera vez la suerte de que esa canción me cantara en exclusiva.
Esperaba que los arcos fueran atravesando el viento para llegar hasta mi cuerpo. Me tumbe para que me atravesara la fuerza y el empuje de las trompetas, pero al parecer eran más delicadas de lo que parecía. ¿Qué buscaba yo entonces? ¿Salir huyendo? ¿Correr? Era todo una especie de colina a oscuras. No se si podría afirmar que fuera verano. No sentía frío en mis pies al caminar, pero tampoco me abrasaba la arena de todas las playas que convertían en isla la hierba. Dejé que las voces que me susurraban fueran guías de aquel viaje sin tiempo ni espacio concretos. De repente comprendí que el paisaje podía ir mutando como yo quisiera. Cuestas grandes que se convertían en toboganes, llanuras eternas y hierba y mas hierba por todas partes. Entonces me tumbé a llorar en una concavidad de la tierra. No sabía por qué ni pretendía saberlo. Era el final irremediable y las últimas notas me hicieron parar. También la fuerza de las lágrimas se convirtió en urgencia por hacer desaparecer esa sensación del estómago. Solo unos instantes más y lo que antes era verde se convirtió en una suave manta rayada en tonos ocres. El colchón estaba cada día más viejo, más hundido, como una especie de horizonte vago que pierde la rectitud y esa había sido la pequeña trinchera en la que me había parado a escuchar las voces de Ella y Louis. Como tantas otras veces. En ritual solitario y romántico, hacia mí misma y los cielos del paisaje, que me iban enseñando, poco a poco, cada vez con más detalle, todo lo que escondían desde que tuve por primera vez la suerte de que esa canción me cantara en exclusiva.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
La Obra
Una tarde cualquiera.
Delante de un plato de pasta.
Esfuerzo.
Tristeza.
Pero al final lo termina.
Y entonces se dirige a la habitación. El sigue tumbado, boca arriba.
Su estado cada vez más evidente.
El hedor inunda la estancia.
Ella pinta su cara con maquillaje.
Y le da un poco de pegamento extrafuerte en los labios, para que no se separen.
Lo tapa con la manta y sale de la habitación.
Se tumba en el sofá, a componer.
Y así crea la obra de su vida.
Su obra maestra.
Pasiva, deprimida.
Desganada, muy oscura, tenebrosa.
Pero es su obra maestra. Es autentica. Nada pretenciosa.
Nunca más podrá tocar algo así, ni parecido.
Sus dedos no le obedecerán así nunca más.
Y ella sale de casa y coge un autobús.
Sin saber qué acaba de crear.
Sin saber que es el último día de su talento.
sin saber que al volver la música habrá desaparecido.
Delante de un plato de pasta.
Esfuerzo.
Tristeza.
Pero al final lo termina.
Y entonces se dirige a la habitación. El sigue tumbado, boca arriba.
Su estado cada vez más evidente.
El hedor inunda la estancia.
Ella pinta su cara con maquillaje.
Y le da un poco de pegamento extrafuerte en los labios, para que no se separen.
Lo tapa con la manta y sale de la habitación.
Se tumba en el sofá, a componer.
Y así crea la obra de su vida.
Su obra maestra.
Pasiva, deprimida.
Desganada, muy oscura, tenebrosa.
Pero es su obra maestra. Es autentica. Nada pretenciosa.
Nunca más podrá tocar algo así, ni parecido.
Sus dedos no le obedecerán así nunca más.
Y ella sale de casa y coge un autobús.
Sin saber qué acaba de crear.
Sin saber que es el último día de su talento.
sin saber que al volver la música habrá desaparecido.
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